miércoles, 25 de abril de 2012

Pesadilla en el Camp Nou

Durante miles de años hemos convivido con la creencia escatológica pronosticada por los mayas, los cuáles afirmaban que en el solsticio de diciembre del año 2012, el mundo tal cual como lo conocemos llegaría a su fin. Bien, pues el calendario maya se ha equivocado en el mes y en el día, pero no en el año. Futbolísticamente hablando el único universo del deporte rey para muchos, la única manera de catalogar y honrar el fútbol según millones de aficionados barcelonistas, el único estilo de juego con el que supuestamente se puede lidiar, sino será llamado “anti-fútbol”, juego sucio o rácano; pues para todos los que entienden estos conceptos así y siguen pensando que el fútbol válido se inventó en 2008, he de decir que es muy posible que ayer, martes 24 de abril de 2012 , se alinearan los planetas y llegara el momento de ver el final de un ciclo. Una generación capitaneada por un filósofo de manera magistral en lo futbolístico, que empezó apoderándose del fútbol mundial y que cuatro años después se ha derrumbado en una misma semana.

Lo ocurrido en el Camp Nou ayer puede pasar. En necesario que sucedan un gran número de circunstancias improbables, que si finalmente acontecen, golpean de manera mortal la mentalidad y la moral de aquellos a quienes afecta.
Corría el minuto 44 de la primera parte, en ese momento la probabilidad de que el Chelsea alcanzara la ansiada final de Múnich era tan remota y escasa como que me llame Mourinho esta tarde y me confirme que acompañaré a Ronaldo y Benzema en el ataque blanco contra el Bayern. El Chelsea con un jugador menos, perdiendo por dos goles, sin centrales (Terry expulsado, Cahill lesionado y David Luiz en el grada) y con 90.000 barcelonistas en directo y bastantes millones por la tele criticando y despotricando contra ese  supuesto fútbol marrullero y feo que hacía, estos mismos ingleses lograron una gesta que se recordará por los siglos de los siglos.  A veces y contra todo pronóstico, estas cosas pasan, es la grandeza del fútbol.
Creo sinceramente que el Chelsea, al igual que el Inter de Mourinho, y al igual que, con toda seguridad, el Bayern de esta noche se merecen el más absoluto de los respetos.
No siempre tiene que ganar en mejor. No siempre debe ganar el más hábil o mejor dotado técnicamente. La pizarra táctica, el ejercicio defensivo, la concentración y la intensidad del Chelsea se merecen un reconocimiento. Sé que nunca llegará.
Lo que hizo ayer el conjunto inglés va más allá de ser una gesta,y merece que el vídeo sea puesto en las más consagradas escuelas de fútbol como ejemplo de compañerismo, sacrificio y orden dentro de terreno de juego. Es plantarse en el feudo blaugrana ante un estadio que alentó a los suyos hasta el final, pero que desde mi humilde punto de vista actúan de manera ventajista afirmando que su estilo es el único válido. Eso no lo decían cuando Van Gaal entrenaba a Bogarde, Reiziger, Rivaldo

A medida que llegaba el final del partido aparecían los fantasmas de abril de 2010. Ese muro italiano infranqueable con el que soñaron durante meses había resurgido del césped del Camp Nou, esta vez construido por el British Army. Los jugadores blaugranas miraban completamente abatidos al banquillo rival esperando encontrarse a un portugués no demasiado querido, y no, ahí estaba un tal Di Matteo.  El pitido final no hizo despertar al Barcelona, sino que lo trasladó completamente hasta aquella fatídica noche de hace dos años. Los jugadores ingleses festejaban en el césped el reto histórico que acababan de superar. Y era en ese preciso momento, en un cuartito de mantenimiento de ese estadio de ese pequeño país que está ahí arriba, cuando un empleado del club se disponía a encender los aspersores que les despertaran de la pesadilla que sufrían. Finalmente se abstuvo de hacerlo, porque esa pesadilla es real y probablemente definitiva.

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