El fútbol en la pequeña localidad de San Lorenzo de El Escorial se vive de manera diferente. La pasión que se respira cada domingo por este deporte y el compromiso de los aficionados tiene un nivel muy superior a la categoría en la que realmente juega el equipo. Un equipo formado por un grupo de futbolistas que antes que nada son un grupo de amigos. Y todos los grupos tienen un líder, un capitán.
Hace unos años había un niño que se ilusionaba cada domingo con ir a ver al UD San Lorenzo. Este niño también jugaba al fútbol y se imaginaba lo que era jugar en La Herrería con mucha más gente, mas presión y más intensidad de la que había en sus propios partidos. Se fijaba especialmente en un zurdo con un toque de balón exquisito y que sin saber el motivo concreto, la grada le adoraba.
Después de muchos domingos en la grada, ascensos y descensos, y unos cuantos goles de falta de "su" zurdo, este niño cumple 17 años y recibe una llamada de entrenador del primer equipo: desea tenerle en su plantilla. La nueva situación era preciosa, pero también repleta de nervios, inseguridades y dudas. Sin conocer a nadie e irrumpiendo en el vestuario se puso a entrenar en su nuevo equipo. Y sí, el primero en acercarse, hablar y transmitir al chavalin nuevo la tranquilidad suficiente como para poder competir sin presión fue él, ese zurdo que con el paso de los años se había convertido en el capitán, el Gran Capitan.
El niño y su capitán fueron forjando una tremenda amistad con el paso de las temporadas. Con alegrías, penas, confidencias y alguna que otra fiesta de por medio pasaban los años. Los valores de compromiso, sacrificio e ilusión estaban intactos en la mente del capitán, tanto como a la hora de aplicarlos como a la de transmitirlos a las nuevas generaciones que llegaban poco a poco a las filas del UD San Lorenzo. Pero desgraciadamente llega un momento que el cuepo dice basta. Y entonces se acabó. Las lesiones trataron mal a nuestro protagonista impidiendo que se despidiera del club de sus amores vestido de corto. No pudo jugar unos ultimos minutos en el estadio y ante la afición que le habia visto formarse como jugador y persona durante más de una década.
Sin embargo esto no será más que una pequeña espina clavada que ni mucho menos empañará una trayectoria impecable en un club que no siempre ha estado a la altura de las circusntancias que se le exigian. Amigo de sus amigos y líder de varias generaciones, este jugador será recordado para siempre. A partir de ahora cada entrenamiento, cada desplazamiento, cada jornada se le echará de menos, porque en realidad ha dejado huella en el corazón de sus compañeros. Hasta siempre. Gracias por todo hermano. Gracias Captán.
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